La economista Gabriela Lirussi analiza los verdaderos motivos de una gira de Kristalina Georgieva, que mezcla geopolítica, metas “raspadas” y la obsesión energética del Fondo.
La
directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina
Georgieva, pisó suelo argentino con una sonrisa para la foto, un mensaje
directo a través de la red social X lleno de elogios hacia el "potencial
del país" y una agenda paralela mucho más picante. Lejos de las luces del streaming
y los micrófonos, la titular del organismo comenzó su raid con una cena
reservada en el ostentoso Palacio Duhau. ¿Los comensales? El presidente Javier
Milei y la crema del poder empresarial, reunidos para testear de primera mano
si el camino trazado desde el Poder real resiste la prueba del ácido del
mercado y el enfriamiento social.
Sin
embargo, detrás del tono cordial de los tuits se esconde una estricta
tarea de supervisión.
El
"padrinazgo" político hacia 2027
Según
expresa la docente de Economía Política, Gabriela Lirussi: "Lo que el FMI
busca transmitir con su visita al país es el respaldo político al programa
económico del presidente Milei, pensando incluso en el horizonte de la elección
de 2027. Pero también pretenden supervisar la marcha del plan y constatar el cumplimiento
de las metas previstas”.
Además,
la economista manifiesta que el plan libertario muestra luces y sombras ante la
mirada de Washington. Por un lado, el Gobierno logró anotar como un triunfo la
acumulación de reservas internacionales durante el primer semestre. Sin
embargo, otras exigencias estructurales de fondo —como la mentada reforma
previsional— continúan en pausa, una papa caliente que, según proyecciones de
la especialista, difícilmente el Ejecutivo se atreva a tocar antes de la
contienda electoral de 2027.
Junio
encendió las alarmas: déficit y contabilidad al límite
Aunque
desde el Ministerio de Economía festejaron el cumplimiento del primer tramo del
año, en las oficinas del FMI el mes de junio dejó un sabor amargo. La pax
fiscal mostró sus grietas cuando los números arrojaron un déficit primario de
$684.843 millones y un resultado financiero negativo que terminó recortando el
superávit acumulado del PBI del 0,7% al 0,6%, quedando por debajo de la meta
pactada.
Frente
a este "resbalón", la respuesta del equipo económico fue atribuir la
caída de ingresos a factores estacionales como el pago del SAC (aguinaldo) y la
prórroga en las declaraciones de Ganancias. No obstante, el diagnóstico de la
especialista de la UNSJ va a la raíz del problema: la baja en la recaudación es
el síntoma directo del freno en la actividad económica y la parálisis del
consumo, que operan como un "efecto dominó" sobre toda la estructura
productiva.
Para
compensar este desfasaje, la agenda bilateral ya sumó nuevos compromisos
exigidos por el Fondo:
• Motosierra sobre subsidios: Aceleración en la quita de aportes a las
tarifas energéticas.
• Focalización social: Sintonía fina en la asistencia a los sectores vulnerables
para evitar desbordes.
• Ajuste tributario e ingresos: Cambios impositivos para oxigenar la recaudación
sin reactivar la máquina de emisión.
De
Recoleta a Vaca Muerta: el petróleo como bote de salvación
Uno de
los puntos más llamativos del itinerario de Georgieva fue su viaje al
yacimiento Loma Campana, en pleno corazón de Vaca Muerta. ¿Por qué el FMI pone
el foco en el barro neuquino?
Para
Lirussi, la jugada tiene una doble lectura: por un lado, ratifica la matriz del
modelo de Milei, centrado casi exclusivamente en la primarización exportadora
(energía, minería y agro); por el otro, responde a una desesperada necesidad
geopolítica global.
"El
foco en el sector energético está directamente vinculado a la inestabilidad
internacional, el aumento del precio del petróleo y las tensiones geopolíticas
en el estrecho de Ormuz frente al conflicto con Irán. Ante ese escenario
crítico, el mundo necesita blindar nuevas oportunidades de negocios petroleros,
y el FMI vino a certificar en el terreno que Argentina está lista para jugar en
esa liga", concluye la docente de la UNSJ.