Hace 106 años, una transmisión experimental realizada por cuatro jóvenes radioaficionados inauguró en Argentina una historia que transformaría para siempre las formas de informarse, entretenerse y comunicarse.
Hasta el hastío
se ha hablado de “los locos de la azotea”, pero el público se renueva y vale la
pena volver sobre aquella historia que marcó un antes y un después en la
comunicación. El 26 de agosto de 1920, desde la terraza del Teatro Coliseo de
Buenos Aires, una transmisión radial que llegó a menos de un centenar de
personas se convirtió en un hito de la radiofonía mundial.
Las primeras
palabras que se escucharon por radio fueron: “Señoras y señores, la Sociedad
Radio Argentina les presenta hoy el Festival Sacro de Ricardo Wagner,
‘Parsifal’, con la actuación del tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli
y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del teatro Costanzi de
Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarten”.
Detrás de aquella
transmisión estaban cuatro jóvenes vinculados al mundo de la medicina: el
médico Enrique Susini, que tenía entonces 25 años, y los estudiantes de la
Universidad de Buenos Aires Miguel Mujica, de 18 años, y Luis Guerrico y César
Guerrico, de 22 años.
Además de la
carrera que habían elegido, los cuatro compartían una pasión que por entonces
parecía más cercana a la experimentación que a un medio de comunicación masivo:
eran radioaficionados entusiastas y creativos. Con conocimientos técnicos,
curiosidad y una fuerte vocación, soñaban con poner la radio al servicio de la
cultura.
Una
transmisión que hizo historia
Aquella noche de
agosto, el objetivo era transmitir en directo la ópera “Parsifal”, de Richard
Wagner. Para hacerlo posible, los jóvenes instalaron un equipo de transmisión
en la terraza del Teatro Coliseo y lograron que el sonido llegara a algunos
receptores ubicados en distintos puntos de Buenos Aires.
La audiencia fue
reducida. Sin embargo, la importancia de aquella experiencia no estuvo en la
cantidad de personas que escucharon, sino en lo que inauguraba: la posibilidad
de que un acontecimiento cultural pudiera atravesar las paredes de un teatro y
llegar simultáneamente a hogares y espacios muy alejados de allí.
La experiencia
marcaría un hito en la historia de la radiofonía mundial y sería el comienzo de
una transformación profunda en la vida cotidiana de las y los argentinos.
Lo que aquellos
cuatro jóvenes todavía no podían imaginar era que la radio dejaría de ser una
experiencia reservada a radioaficionados y experimentadores para convertirse en
un verdadero fenómeno de masas.
Una nueva
forma de encontrarse
Con el desarrollo
de la radio, las voces comenzaron a ingresar a los hogares y a construir nuevas
formas de vínculo con las audiencias. Noticias, música, relatos, espectáculos y
transmisiones deportivas encontraron en este nuevo medio una vía para llegar a
públicos cada vez más amplios.
La radio también
transformó la relación con el tiempo y la distancia. Lo que ocurría en otro
lugar podía ser escuchado casi al mismo tiempo por personas que no estaban
allí. La experiencia colectiva de escuchar se convirtió, progresivamente, en
parte de la vida cotidiana.
Más de un siglo
después, aquel gesto experimental de cuatro jóvenes radioaficionados permite
comprender el impacto que puede tener una innovación cuando encuentra una
sociedad dispuesta a apropiársela.
Este 26 de
agosto, en el Día de la Radiodifusión Argentina, la historia vuelve a
escucharse. Y también recuerda que, detrás de cada gran transformación
tecnológica, muchas veces hay personas curiosas que se animan a probar algo que
todavía nadie sabe hasta dónde puede llegar.