Crónica en detalle de una tarde en que el pueblo una vez más caminó el asfalto para mantener bien alto el sentimiento y el significado de la Universidad.
“Por los que lucharon ayer y por los que estudiamos hoy”. El cartel, alzado por una estudiante que lleva la remera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, remarca que por cada derecho vulnerado habrá siempre una reacción.
Y las dilaciones ya convirtieron en un clásico las caminatas multitudinarias pidiendo por el financiamiento universitario, por algo tan básico como el cumplimiento de una ley.
Entonces, cada tanto regresa la frase de Jorge Luis Borges –que en estos tiempos se convirtió en un leitmotiv -: “No nos une el amor sino el espanto”.
“De regreso a octubre, desde octubre”, como en 2024: cuando la segunda marcha reclamó contra el veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario. Y en este nuevo octubre las calles volvieron a tener la voz más importante, que es la de una buena porción de la sociedad, a la que no se le gana por cansancio. La quinta marcha federal, que también quedará en la historia.
17:27 h. Inicia oficialmente la marcha universitaria del jueves 15 de octubre de 2026 en San Juan. “Presidente cumpla la ley”. Las autoridades de la Universidad Nacional de San Juan encabezan la columna de cientos de manifestantes, que se extenderá por seis cuadras en el microcentro.
En una primavera atípica, hay varios que todavía llevan abrigos. La caminata empieza en Ignacio de la Roza y Mendoza. Un niño de unos 5 años con la camiseta argentina de Leo Messi va prendido de la mano derecha de su padre, que entiende que defender una coyuntura también es apostar por el futuro. Porque vivimos hoy por este presente, pero también por un mañana.
“Sin educación no hay curiosidad”. “Sean eternos los derechos”. El ingenio popular también se volcó a las calles. Los redoblantes suenan en al menos dos tramos distintos de la extensa movilización. Caminan juntos, estudiantes, docentes, nodocentes, sindicalistas, políticos, miembros de organizaciones sociales, artistas y familias enteras.
Van por la calle, pero también por las veredas.
La espalda de una mujer refiere: “Son 30.000”. Varios llevan referencias a las islas Malvinas. Cada vez que se abre una herida social vuelven a doler aquellas otras que no fueron suturadas.
No son pocos los que cargan un termo y un mate en la tarde sanjuanina. Un hombre y una mujer deciden hacer el recorrido en rollers. Mientras un nodocente va lento en su bicicleta. Un medio de transporte que también usaba en la niñez para vender semitas en Chimbas.
“Sin presupuesto no hay universidad”. Ante la violencia simbólica que baja desde el poder central argentino, las calles de San Juan rompen los silencios de la sagrada siesta. Pero todo confluye en sonidos firmes y siempre pacíficos, como de ríos apurados, aunque sin desbordar.
Abre el camino de la marcha un utilitario con parlantes gigantes, de donde se escurren letras musicales alusivas a la lucha. “Devolvé la bolsa, devolvé / devolvele al pueblo su generosidad”, canta la Bersuit Vergarabat. Y Calamaro dice: “Alta suciedad, basura de la alta suciedad / no se puede de confiar en nadie más”.
Algunos pocos fuegos artificiales sorprenden hacia el centro de la manifestación. Periodistas de medios públicos y privados recorren los bordes en donde parte de la muchedumbre se guía con una cuerda negra que envuelve el lateral derecho, a modo de unión y contención a los caminantes.
Miembros de un espacio político frenan por algunos segundos y se reagrupan para sacarse fotos y filmarse. Ahí surge por primera vez en la tarde el cántico clásico de estos tiempos: “Universidad de los trabajadores / y al que no le gusta, se jode, se jode”. También vuelve otra letra recurrente hoy: “La patria no se vende”.
Un cartel reza: “Milei te odia”. Y en la vereda norte de Ignacio de la Roza en donde varios vecinos (de departamentos o comercios) le ponen una pausa a sus rutinas para salir a mirar la marcha, un hombre acompaña en silencio pero con una remera negra que condensa el sentir popular argento. Arriba, sobre el dibujo de una bandera nacional: “Las Malvinas son argentinas”. Más abajo: “La pelota siempre al 10, que ocurrirá otro milagro”. En el centro, las tres estrellas con los años de las conquistas futboleras históricas: 1978, 1986, 2022.
Adelante, las autoridades universitarias levantan y sueltan por el aire decenas de diplomas (simulados), en referencia a los numerosos títulos que otorga la universidad pública y gratuita. Algunas personas pararon su andar para observar ese espectáculo repentino desde la vereda que da al otro lado de la sede de OSSE. Y un joven pasa, abstraído, trotando entre la gente.
Mientras algunas mujeres y hombres marchan con chalecos o chombas de gremios universitarios o agrupaciones sociales, hay algunos que salieron de trabajar y se sumaron de traje y corbata al reclamo.
“La universidad no se ajusta, su futuro tampoco”, sentencia un cartel. “Juremos con gloria morir”, expresa una gran bandera argentina.
17:45 h. La multitudinaria columna ya dobla por avenida Alem hacia el Norte, desde Ignacio de la Roza. Vuelven a cantar “la patria no se vende”. “Jueces, dejen de hacer la vista gorda”, le reclaman en un cartel a la Suprema Corte de Justicia.
“Que me hablás de privilegios / de una raza soberana / superiores, inferiores / ¡minga de poder! / Cómo se te ocurre / que algunos son elegidos / y otros son para el descarte / ambiciones de poder”. Cerca de la plaza Laprida son los Fabulosos Cadillacs, con su “Mal bicho”, los que le ponen palabras y música al recorrido, desde los parlantes del utilitario.
17:52 h. La punta de la marcha llega a avenida Libertador y dobla hacia el Este. En ese mismo momento, la cola de la manifestación (en donde resalta el Polo Obrero y en el final un móvil policial) logra atravesar recién Sarmiento, por Ignacio de la Roza. “Este gobierno no se banca más”.
Un vendedor de pochoclos y praliné trata de ganarle a la caída del consumo caminando al lado de su bici con mercadería, por la vereda que da al otro lado de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. Más adelante, los y las estudiantes de la EPET N° 4 se agolpan en las rejas de las ventanas de las aulas de la planta alta. Miran la marcha mientras conversan entre ellos, quizás sobre sus futuros como alumnos y alumnas de la universidad pública, que contiene varios de sus sueños juveniles.
Por la calle, una mujer camina entre las banderas de una agrupación social llevando un changuito de supermercado con elementos de limpieza. Y un joven con una careta diseñada caseramente junto a un colorido traje baila mientras le sacan fotos y en la espalda se le balancea un cartel que dice “agüita pura para San Juan”. “Es el disfraz de un personaje latinoamericano”, explica.
En cada cuadra en donde se hace fuerza por el reclamo universitario siguen apareciendo familias tomando mates, en un rasgo distendido de esa caminata generada por una situación política que parece tensarse cada día más.
Los que recién van llegando a la plaza son alentados por choferes de autos y camionetas que les tocan bocina desde el carril Oeste de Alem cuando van doblando desde Laprida hacia el Sur. Los manifestantes retribuyen con aplausos.
“Los y las nodocentes perdimos el 45% del sueldo”. Vuelve a sonar el incansable cántico “la patria no se vende”. Aparece un cartel de José de San Martín. Mientras una jubilada habla por teléfono en la vereda y le indica “estoy en la plaza” a otra persona que se sumará a la procesión.
Al costado de la Libertador un hombre envuelto en la icónica bandera blanca que se regó por el país tras el triunfo de la Selección Argentina a Inglaterra en el Mundial (“Las Malvinas son argentinas”) mira en silencio el paso de la marcha, al mismo tiempo de que numerosas miradas se posan sobre él.
Dos automovilistas esperan pacientes en la esquina de Catamarca y Alem el paso de la manifestación. Un niño pasa entre la gente en sus rollers. Y, mientras un profesor les saca fotos a sus colegas al lado de un cartel llevado por geólogos, salen hacia la vereda más jóvenes con remeras sobre Malvinas. Otra constante, también, son las camisetas de la Selección Argentina de fútbol.
En Libertador y Entre Ríos, un chofer de la Red Tulum toca bocina y saca la mano izquierda para saludar. Desde la calle le contestan con gritos eufóricos. Por Entre Ríos cruzan la avenida esquivando a la gente un par de motociclistas ansiosos.
Antes de llegar a calle Mendoza, sobresalen un metegol sin usar y a su lado un vendedor ambulante de medias que baila al compás de la batucada, que en este momento reproduce la melodía de “Un montón de estrellas”, del cubano Polo Montañez, pero en la versión del grupo argentino La T y la M.
18:17 h. La columna atraviesa avenida Rioja por Libertador. “Justicia por la ciencia y la educación”, pide un cartel. Después doblan por Aberastain hacia el Sur. “¿Por qué tanto miedo a educar al pueblo?”. A pesar del tiempo y los metros recorridos, varios niños continúan con el trayecto junto a sus padres y madres.
18:27 h. En Aberastain y Rivadavia suena “Fuegos de octubre”, de Los Redondos. Y al llegar a la plaza Aberastain, desde los parlantes del vehículo que guía la movilización empieza a escucharse “Preso en mi ciudad”.
Las autoridades universitarias y el resto de los caminantes giran por Mitre desde Aberastain. Y una voz femenina dice por los parlantes: “Queremos que la Universidad se siga llenando de hijos e hijas de trabajadores y trabajadoras”. Inmediatamente, casi como sarcasmo por el contexto político actual, se escucha “mordí el anzuelo una vez más / siempre un iluso”, del tema ricotero “Esa estrella era mi lujo”.
18:34 h. La quinta marcha universitaria culmina con otro día de lucha e historia al llegar a la esquina de Mitre y Jujuy: el Edificio Central de la UNSJ.
Los manifestantes arriban cantando, otra vez: “Universidad, de los trabajadores…”. La columna se divide, porque los rezagados doblan por Jujuy y caminan hacia el Sur hasta el Rectorado, para escuchar los discursos de los representantes de los distintos estamentos universitarios.
“La universidad no puede convertirse en el privilegio de unos pocos”, se escucha desde el escenario. Más tarde todos entonarán el Himno Nacional Argentino, al mismo tiempo que en la plaza Aberastain varios niños seguirán jugando, seguramente sin cobrar dimensión de que a pocas cuadras hay gente defendiendo sus futuros.
Otra vez fue octubre, que encendió sus fuegos en corazones que no van a dejar de latir al ritmo de la justicia social.
Otra vez muchos tuvieron que salir a las calles, a pedir por un derecho adquirido. Porque otra vez se lo vulneraron.
Volvieron a salir. Y lo harán cada vez que sea necesario. Porque saben que hay conquistas que se defienden con los pies en el pavimento… y las manos abrazando las instituciones.