Entre naturaleza, carpas y juegos, los campamentos de la Escuela de Verano y Deporte Aventura de la Universidad Nacional de San Juan fortalecen vínculos y valores que dejan huellas.
Con la llegada de febrero, la Universidad
Nacional de San Juan (UNSJ) puso en marcha los campamentos de la Escuela de
Verano y de la Escuela de Deporte Aventura, iniciativas dependientes de
Bienestar Universitario que convocan a cientos de niñas, niños y adolescentes.
Distribuidos entre El Palomar, el Complejo Náutico Ullúm, Cerro Blanco y Las
Tumanas, los grupos viven jornadas intensas donde el juego, la convivencia y el
contacto con la naturaleza se convierten en protagonistas.
Lautaro Ortega, coordinador de ambas
escuelas, destacó que cada experiencia está cuidadosamente organizada para
responder a las necesidades y edades de cada grupo. Mientras los/as más
pequeños/as realizan una noche de campamento en Ullúm, los/as adolescentes de
Deporte Aventura desarrollan jornadas más extensas, con dos noches y
actividades diseñadas para fomentar autonomía, cooperación y habilidades al
aire libre.
“El primer desafío es el armado del
refugio: su carpita. Luego hacemos un reconocimiento del predio, explicamos las
normas básicas de convivencia y arrancan los juegos, las construcciones y, si
el clima acompaña, el momento de pileta”, detalló Ortega.
Además, Ortega valoró el apoyo del
personal universitario: “Estamos muy contenidos. La UNSJ nos acompaña
permanentemente y eso hace posible cada campamento”.
El equipo docente también cumple un rol
clave. En el grupo de 9 años participan cuatro profesores/as y un contingente
de monitores/as; en Deporte Aventura, dos docentes, cuatro monitores/as y el
propio coordinador supervisan el desarrollo de las actividades.
Entusiasmo, descubrimiento y primeras
carpas
María Paz Méndez, de 9 años e integrante
del Grupo 6, vive su primera experiencia de campamento con la emoción propia de
su edad.
Organizó su mochila siguiendo una lista
“escrita en un cuaderno” y recordó el primer desafío: armar una carpa. “Nos
costó mucho. Tenés que poner las varillas, engancharlas, levantarla. Es
difícil”, contó la niña.
Entre sus actividades favoritas, mencionó
la pileta, pintarse, disfrazarse y el famoso “sanguchazo”, una tradición del
grupo.
Lo que más la entusiasma del campamento es
simple y contundente: “Hacer muchos juegos y meterme a la pileta”, dijo María
Paz.
La voz de la adolescencia: amistad,
fogón y valores
El testimonio de Gonzalo Duarte y Lucas
González, del Grupo 11 de Deporte Aventura, resume a la perfección el espíritu
de estos campamentos. Ambos participan de la colonia desde pequeños, y hoy, ya
adolescentes, siguen encontrando en la UNSJ un espacio de crecimiento.
Apenas llegaron a Ullúm, organizaron las
carpas, la comida y participaron en un juego de búsqueda de pistas que definió
los equipos para competir. Pero lo que más destacan es la convivencia nocturna:
“La noche fue muy linda. Hubo juegos, risas. La pasamos muy bien”, relató
Gonzalo.
La continuidad de ambos en la colonia
tiene una explicación emocional: “Venimos desde los seis años. Es hermoso
seguir conociendo gente y compartir tantas cosas”, dijo Lucas. “Con el paso del
tiempo el grupo cambia y siempre llegan nuevas amistades”, aclaró.
El momento más significativo para ellos es
el fogón. “Es lo más lindo y emotivo. Ahí podés llorar, expresarte, decir todo
sin que nadie te juzgue. Es imposible no llorar”, aseguraron.
En ese círculo de fuego, leen cartas de
sus familias, hablan de experiencias personales y escuchan a sus compañeros/as.
“Te da valores, compañerismo y te enseña a aceptar la diversidad”, agregó Gonzalo.
Ambos coincidieron en que estas vivencias
son fundamentales en la adolescencia. “Aprendés a convivir, a salir de la
comodidad de tu casa, a valorar la naturaleza y a compartir con otros”, reflexionaron
los adolescentes.