El programa Por un Nuevo Proyecto de Vida, de la Facultad de Filosofía, cumple tres décadas. Nacido para ofrecer talleres a personas mayores sin requisitos de escolaridad, es un espacio de aprendizaje, contención y comunidad. Las inscripciones, en marzo, serán en la Escuela Antonio Torres.
Emblema de educación no
formal en San Juan para mayores de 50 años, el programa “Por un Nuevo Proyecto
de Vida” inicia en 2026 su trigésimo año de vida. Creado para quienes nunca
habían podido acercarse a la universidad o para quienes, después de toda una
vida de trabajo, crianza o responsabilidades deseaban aprender algo nuevo, este
proyecto se consolidó como un espacio pionero en la provincia y en el país.
Eduardo Peñafort, coordinador del programa e integrante del equipo fundador,
repasa el largo camino recorrido y las razones por las que este espacio sigue
teniendo tanto sentido tres décadas después.
El origen se remonta a
principios de los años 90, cuando la profesora Bertha Varas de Klement vislumbró,
frente a su jubilación cercana, la necesidad de crear un espacio educativo
específico para adultos/as mayores. Según recuerda Peñafort, “ella decidió
crear un proyecto destinado a la población mayor de 50 años que no había tenido
la posibilidad de llegar a la universidad o que tenía intereses distintos a los
que había podido desarrollar”. Con ese espíritu, el proyecto tomó forma y fue
sostenido desde sus inicios por el apoyo institucional decisivo de la decana de
entonces, Isabel Gironés de Sánchez, y del rector Tulio del Bono. A ese
respaldo se sumó un equipo que trabajó durante años en la elaboración del
anteproyecto y su puesta en marcha: Amelia Mariel, Magda Kuyen, Magda Lahoz de
Klinski y el propio Peñafort.
La propuesta, innovadora
para la época, irrumpió con fuerza en la comunidad sanjuanina. En 1996, cuando
se abrió la primera inscripción, se esperaban entre 200 y 300 alumnos/as. Sin
embargo, en apenas tres días se anotaron 1.500 personas. Ese impacto obligó a
reorganizar espacios, sumar docentes y redefinir la estructura del proyecto. La
Escuela Antonio Torres, con accesibilidad adecuada para la población adulta, se
convirtió desde entonces en la sede del programa, que mantiene allí su
actividad desde hace tres décadas.
A lo largo de estos años,
“Por un Nuevo Proyecto de Vida” experimentó distintas etapas: crecimientos,
crisis, reaperturas y desafíos inesperados. La crisis del 2001 redujo la
matrícula, aunque nunca logró quebrar el vínculo con la comunidad. Luego, la pandemia
significó una pausa obligada para un grupo etario en riesgo, lo que implicó
volver a empezar una vez más. Pero el proyecto resistió gracias a su esencia:
una filosofía de respeto, diversidad y convivencia. “Se convirtió en un foro
donde conviven personas de distintas edades, religiones, niveles culturales y
experiencias. Se aprende, pero también se aprende a convivir”, resume Peñafort.
La oferta actual de talleres
refleja la evolución del mundo y de las necesidades de las personas mayores.
Hoy uno de los cursos más concurridos es el de uso de telefonía celular, creado
tras detectar que la vida digital exigía nuevas herramientas cotidianas.
Computación, idiomas, literatura, teatro, artes plásticas, historia del arte,
gimnasia de bajo impacto, yoga y folclore conforman una propuesta plural que
combina formación cultural, expresión artística, bienestar y socialización. En
total, son 16 talleres con niveles progresivos y docentes de la UNSJ que
sostienen el proyecto con compromiso y vocación.
El coordinador destaca la
importancia de la accesibilidad económica: “Este año el costo por taller será
de 12 mil pesos y 10 mil de inscripción. Es muy bajo porque ningún docente
trabaja con cargo rentado, sino con un porcentaje que se canaliza a través de
la Fundación de la Universidad”. Gracias a esa estructura solidaria, el
proyecto mantiene su carácter público, accesible y cercano.
A lo largo de treinta años,
decenas de miles de personas pasaron por estas aulas. Algunas encontraron un
espacio para reconstruir su tiempo personal. “Muchas mujeres nos decían: me he
dado cuenta de que tengo derecho a tener una vida propia y proyectos propios”,
recuerda Peñafort. Otras descubrieron talentos dormidos: una modista que
terminó exponiendo obras de pintura, un grupo de escritoras que formó “Las
Ñustas”, talleres que viajaron juntos o continuaron reuniéndose más allá del
ciclo lectivo. Las amistades, los vínculos afectivos e incluso las nuevas
parejas dan cuenta de que este proyecto no solo educa, sino que transforma
vidas.
Peñafort reconoce que
también se han producido tensiones inevitables en un espacio tan diverso,
especialmente en talleres donde los temas despiertan pasiones, como historia
del arte o filosofía. Sin embargo, valora profundamente que esas diferencias se
tramiten con respeto y aprendizaje mutuo. “Hemos aprendido a convivir en una
edad en la que a veces uno puede volverse rígido o intolerante. Y eso es tan
valioso como cualquier contenido académico”.
En 2026, mientras celebra
tres décadas, el proyecto se prepara para recibir a una nueva cohorte de
estudiantes mayores de 50 años. Las inscripciones estarán abiertas del 2
al 30 de marzo en la Escuela Antonio Torres, de 18 a 20 h, y
también habrá una modalidad virtual a través de la página de la Facultad.
Treinta años después, “Por
un Nuevo Proyecto de Vida” sigue honrando la misión con la que nació: ofrecer
un espacio de aprendizaje, creatividad y encuentro para una población que,
lejos de retirarse del mundo, busca seguir creciendo. La UNSJ reafirma así su
compromiso con la educación a lo largo de toda la vida y con una universidad
abierta a toda la comunidad sanjuanina.
Entrevista realizada por Pablo "Zama" Bustamante Biltes